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lunes, 11 de abril de 2016

UN GRANIZADO DE MOSCAS PARA EL CONDE, Sergio A


¡Qué noche, aquella noche! Empezó cuando era noviembre y hacía un frío felino. Gerónimo estaba en su cama tapado con las mantas, leyendo un libro de fantasmas. De repente oyó un sonido escalofriante y se asustó. Después, llamó alguien y al final resultó ser Trampita, su primo.
Después de un rato, Gerónimo se enteró de que Trampita estaba en Transratonia y salió en su búsqueda, con su hermana Tea, en un tren. Al bajar y coger el baúl, asomaron dos pequeñas orejitas, era Benjamín, su sobrinito. Cuando Gerónimo le vió, le regañó diciéndole: ¡que no me puedo llevar a un ratoncito tan pequeño como tú! Él le contestó: ¡No soy tan pequeño, casi tengo nueve años y quiero ayudar! Dentro de la estación Rateeesch, se dieron cuenta de que sólo estaban ellos tres y antes el tren iba lleno de pasajeros. Tea preguntó a una campesina el camino al castillo Von Ratesch. La campesina salió gritando y moviendo un brazalete de dientes de ajo. Así pasó también con un tabernero y con algunos habitantes. Preguntó por qué en todos los sitios había tantos ajos y me respondieron que era para ahuyentar a los vampiros. Cuando entraron al castillo por el foso, dijo a sus compañeros que había encontrado un pasadizo. Olfateó el aire. ¡Estas deben de ser las cloacas! Después se quedaron allí bastantes días para resolver el misterio. Después de que resolvieran el misterio, ¡ya era hora de volver a Ratonia! Y así termina la aventura.
Espero que os guste, amigos del blog.

¡Adiós, amigos!  

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